“Ojalá pudiéramos hacer uno de estos cruceros…”

silversea_lujo crucerosOpinión de cruceros, por Josep Piqué-. A menudo, cuando el trabajo y otras obligaciones diarias no me lo impiden, me gusta dialogar con otros cruceristas, ya sea a través de las redes sociales o haciendo una tertulia con un té o un café. Hablamos de nuestras propias experiencias, de nuestros barcos preferidos, de nuestros planes (o no) de futuro. Es un placer poder hablar con amantes del mar, sean o no grandes expertos, sean o no primerizos. Da igual. La cuestión es compartir un rato agradable hablando de una de nuestras pasiones, los cruceros.

Pues bien, hace unos años, un servidor tenía esa necesidad de querer conocer barcos y navieras, de las denominadas populares (o familiares). Lo que nos apetecía era embarcarnos, huir de la rutina diaria y disfrutar de las instalaciones y de las actividades que se organizan en todos los barcos de este segmento. Puro entretenimiento y buques espectaculares la mayoría de ellos.

Pero tras los años, esa “imperiosa necesidad” de navegar y navegar, de irte, de desconectar, de zarpar y alejarte del ruido exterior, ha ido desapareciendo paulatinamente a medida que ya hemos ido descubriendo que más o menos todos son “más de lo mismo”. Sí, siempre hay diferencias entre barcos y cruceros, pero al final, el público y el objetivo es el mismo. Al fin y al cabo, con los años y experiencias, hemos llegado a la conclusión que todos los cruceros del segmento popular-familiar ofrecen un producto pensado para lo mismo, para el disfrute en pareja, familia o amigos. Y eso no significa que no nos apetezca volver a navegar en uno de estos bichos flotantes próximamente, ¡en absoluto!, pero, a estas alturas, preferimos “menos por más”. Es decir, seleccionar mejor nuestros viajes por mar aunque ello signifique aumentar nuestro presupuesto y estirar las fechas (no “huir” tan a menudo como antes, ¡tener paciencia!). También es verdad que esta conclusión es más fácil tenerla una vez lo has probado todo.

Silversea crucero de lujo

Volviendo a lo de las conversaciones con otros cruceristas, algunos de ellos, siempre que comento alguna de las excelencias que ofrecen navieras del segmento premium, upper-premium o lujo, responden con un: “Oohh.. ojalá pudiéramos hacer uno de estos cruceros…” o “Demasiado para mi bolsillo, ¡a ver si me toca la lotería!”… Y como estos, otros comentarios similares más. Pues a todos ellos, que hacen uno o dos (o más) cruceros al año del segmento popular-familiar, les respondo lo mismo: “Es fácil: el mismo presupuesto que utilizas para hacer uno o dos (o tres o cuatro) cruceros populares al año, resérvalo al menos un vez para tomarte el capricho de hacer uno de estos más exclusivos”. Aunque es cierto que muchos de ellos “sufren” la denominada “ansiedad cruceril”, que es exactamente lo que nos ocurrió a nosotros hace unos años, cuando descubrimos este mundo. ¡Lo entiendo perfectamente!

Así pues, la mejor solución para aquellas personas que ven lejos esta opción por sus posibilidades, es, una vez noten que su cuerpo ya no sufre esta especie de “ansiedad cruceril”, practicar el ejercicio de la “paciencia” y del planteamiento “Menos por Más… ¡Allá vamos!”: dejar de hacer uno o dos cruceros (o más) al año para luego hacer uno de mayor exclusividad o, mejor dicho, calidad. Aunque la calidad cada uno la mide a su manera, permitirme decir que todo lo que sean cruceros upper-premium o cruceros de lujo (también incluyo algunos cruceros premium, aunque cada vez existen menos distancias entre estos y los del segmento popular, ¡ojo!), es de mayor calidad. Mucho más en todos los sentidos, menos en oferta de entretenimiento (ocio) y espectáculo a bordo, ya que en este tipo de cruceros, el verdadero espectáculo es poder relajarse y ver el mar en todo momento, disfrutar de una alta gastronomía, recibir un servicio exclusivo y familiar en todo momento, hacer escalas más elaboradas y de más duración y descubrir/recibir detalles que no aparecen en los catálogos y que hacen que la experiencia sea aún más única e incomparable. Es muy difícil transmitirlo por escrito o explicarlo en una tertulia. Hay que vivirlo y punto. De verdad, sobran las palabras y los consejos…

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En fin, a estas alturas de nuestra propia película (la de la vida en sí, ni más ni menos) estamos en esta fase de practicar este ejercicio, tras 13 años transcurridos desde nuestro primer crucero: poder elegir en el momento adecuado el crucero soñado en el momento oportuno, aunque ello signifique sacrificar “cantidad” para obtener mayor “calidad”. Ya llevamos tres o cuatro años practicándolo e incluso nos hemos dado cuenta que los álbumes de fotos se hacen y se valoran más a posteriori. ¡Ah, y guardas más recuerdos y detalles de tales experiencias en la memoria! (no es broma, nos está sucediendo…).

Eso sí, si todo va como debe ir, seremos padres antes del verano y quizá todo esto cambie drásticamente y entremos en una nueva fase, en una nueva dimensión desconocida. O no. Se agradecen los consejos, pero como todo, ya nos lo encontraremos y ya nos adaptaremos. Al fin y al cabo, la vida sigue siendo una película preciosa y hay que dejar que ruede la cinta y seguir actuando según transcurra esta. Aunque no sea Woody Allen, prometo contarlo a mi manera y cuando me apetezca. Será, igualmente, ¡apasionante!

 

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