“Este lunes el barco fondeaba en la isla de Trogir, coqueto lugar con mucha tradición. Quizá uno de los lugares más bonitos y encantadores de Croacia. Sus callejuelas repletas de tiendas y su gente me fascinaron. A mi y a todos los pasajeros de la Belle de l’Adriatique. Trogir es una ciudad situada en el centro-norte de Croacia, a unos 20 quilómetros del oeste Split, cuenta con poco más de 6.000 habitantes, fue edificada sobre una isla y fue clasificada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Como no teníamos demasiado tiempo, paseamos improvisadamente por sus interiores y visitamos la catedral de St. Laurent, del siglo XIII, de construcción románica-gótica, tallada con curiosos relieves en toda su fachada y le acompaña la Torre del reloj, que tiene poco menos de 50 metros de altura. La catedral merece una visita y el precio de una entrada es de tan sólo 5 kn (menos de 3 euros por persona) entre las 9 y las 12 del mediodía. En algunos momentos de la mañana llovió abundantemente y tuvimos que refugiarnos varias veces durante las 4 horas que permanecimos en Trogir, pero la temperatura era primaveral, ¡qué bien!
Tras pasar una más que agradable mañana en esta ciudad, regresamos con el penúltimo tender al barco y almorzamos en el restaurante principal hacia las 13 horas, mientras nuestro hotel flotante navegaba por la costa dálmata rumbo a nuestro próximo destino, Split. Split es la segunda ciudad más grande e importante de Croacia, tras la capital Zagreb, separadas ambas por 400 quilómetros. Tiene unos 200.000 habitantes y su puntal fuerte, económicamente hablando, se basa, principalmente, en la industria naval. Split tiene un puerto donde frecuentan muchos ferrys, cargueros y buques de cruceros y, junto con el turismo, es el principal motor económico de Croacia, incluso, a veces, por delante de Zagreb.
Teníamos toda la tarde para patear esta bonita ciudad. Yo ya la conocía tras una escala en uno de mis anteriores cruceros a bordo del buque Le Boreal de Ponant pero nunca lo ves todo en una visita. Además de pasear por el “Soko”, repleto de gente, paseamos por los alrededores del antiguo palacio de Diocleciano, en reformas de mantenimiento. Este palacio, transformado en catedral en el siglo VII, es hoy uno de los palacios de estilo romano que mejor se conservan.
Pero de Split me quedo con su ambiente y sus animadas calles, sus paradas de objetos artesanales y ¡sus helados! Evidentemente os aconsejo probar un cremoso helado de Croacia, son riquísimos…
A última hora de la tarde regresamos al barco donde nos esperaba una ligera cena –crema de espárragos y dorada al horno- y a posteriori una sorpresa que nos encandiló: la actuación de unos cantautores croatas que nos deleitaron con unas “klapas” en el gran salón del barco. Os preguntaréis… ¿qué son las “klapas”? son un conjunto de canciones a capella, tradicionalmente masculino que se extendió por toda Croacia. Traducido literalmente, “klapa” significa “grupo de gente”. Esta forma de canciones tiene sus raíces en el canto de iglesias de la costa croata. Las canciones celebran de forma general el amor, el vino, el pais y el mar. Los principales rasgos de este tipo de música son la armonía y la melodía, el ritmo de estas interpretaciones son raramente rápidas. Las “klapas” consisten en un tenor, que actúa de líder del grupo, un segundo tenor, un barítono y un bajo. Normalmente duplican todas las voces (entre 4 y 6 cantautores normalmente). Realmente es impresionante pero lo es más si escuchas las “klapas” en una iglesia, debido que la acústica ensalza la reverberación de las voces. Lo comprobamos en Korcula y nos impactó.
Josep Piqué – Director de CRUCERO 10, S.L.



